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Terra
La Coctelera

Del Odio y el Perdón

El odio a los demás es la negación de uno mismo. Si estamos llenos de odio sólo nos odiamos a nosotros mismos, desconfiaremos de los demás. Sin excepciones. No se puede llevar una vida de odios ni de rabia, amargan la vida de un y de la quienes os rodean. Las cosas no pasan e vano, si descubrimos esta premisa es que estamos dando el primer paso para dejar de odiar. No es necesaria la fe o el creer en un ente superior, pero sí el creer en uno mismo y que uno puede hacerlo. Confiar en uno mismo en cualquier situación es confiar siempre en los demás. Pero confiar en los demás no significa que nos dejemos engañar o que lo harán. Uno debe darse cuenta de qué tipo de personas se relacionan con nosotros. Quien una vez nos engañe, probablemente lo vuelva a hacer.
A la vez, es duro descubrir que el haber llevado una vida de rencores y de desprecios sólo nos ha conducido a la soledad, al rechazo de los demás. Así haya sido una coraza para no sufrir, no es lo indicado para tratar de sobrevivir en este valle de lágrimas. Si odiamos en vez de amar, no podemos esperar que los demás no de su corazón. La vida no es sólo alegrías, eso está claro. Pero mucho menos es rabias y dolores. Está llena de todo, de alegrías, amarguras, amor, paz, tristeza, amistad y muchas cosas más que nos hacen crecer como personas. Ser mejores cada día.
Llorar por que algo nos da pena, no es signo de debilidad, sino de que sabemos expresar lo que sentimos, que no tenemos vergüenza de hacerlo, sólo eso. No debemos cerrarnos a dar lo que sentimos. Ni a lo que los demás sientan. Burlarse de un sentimiento es lo más estúpido que alguien puede hacer. Aunque suene raro de una persona que estaba llena de rencores y desprecios, como yo, es más raro descubrir que uno se ha pasado la vida así, es triste y deprimente. Peor al descubrir que eso ha afectado nuestras relaciones interpersonales.
Muchas veces he hecho daño a gente que me quiere, querían, y luego, al repasar mis actos sabía que estaba mal lo que había hecho. Que era malo hacer esas cosas. Pero hay que tener en cuenta que nunca es tarde para reparar los errores que se han hecho en la vda. Quizá no nos lo perdonen, es probable. Ero estaremos tranquilos al saber que hemos tratado de repararlo. Ya queda en los demás saber si pueden perdonarnos o no. Pero es seguro que lo hará, con el paso del tiempo. Y volveremos a tener la confianza, poco a poco, de esas personas.
Nada más difícil que conseguir el perdón de una mujer dolida. Quizá con todo derecho puedan odiarnos por el mal que les hayamos causado. Pero poco a poco se logran las cosas. Paciencia antes que nada y esperanza en el cambio. Sólo en nosotros está el conseguir el perdón de los demás. Pero debemos saber buscarlo y conseguirlo. No bastan, a veces, las palabras. Hay cosas que hemos hecho que no son suficientes pedir perdón para remediarlas.
No puedo decir qué hacer o qué no hacer. Eso lo debe saber uno. Está sólo en uno. Llevo tiempo buscando el perdón de una persona que amo. Sólo espero conseguir la ruta para hacerlo y que no me saque de su corazón. Este no es un manifiesto, ni una guía. Son sólo palabras de un hombre arrepentido. Perdóname y déjame demostrarte que he cambiado. Te amo.

Noche sin fin

Terminar sin terminar, no es terminar. Aunque suene a trabalenguas, o a examen de dicción, es lo que me han hecho. Hace un par de días. Como les había contado, mi enamorada me había pedido tiempo para que ella ordene sus ideas, su cabeza, que el trabajo la stresaba, que yo la había tratado mal y que quería estar sola un tiempo y… bueno, se lo di. Ahora creo que hice mal.
¿Hice mal? Lo que sucede es que le domingo se me acercó, trabajamos juntos, y me dijo si estaba amargo por algo. Le dije que no, la verdad. Y me dijo que ella ya estaba harta de que como miro a la gente, que como saludo, que esto y el otro. Y me dijo: ya me aburrí, ok? Se dio media vuelta y se fue.
Hasta acá todo tranquilo y bien. Ero lo que ella había hecho con eso era terminar, ya no seguir con LODE darse un tiempo sino que acabó nuestros más de tres años de relación de esa manera.
Yo recién me enteré ayer, porque un amigo le preguntó que cómo íbamos y ella le dijo que ya estábamos, a lo que mi amigo, bueno, me llamó y me preguntó y le dije que no sabía que habíamos terminado, me sentí el más idiota del mundo, pero que si ella quería eso yo no puedo obligarla a lo contrario.
Terminé de hablar con mi amigo y aliado, y me sentí algo raro, digamos mal pero no tanto. Triste. Aunque no lo quería reconocer. Era así. Avanzando la noche me puse peor, ya era evidente.
Y no sé qué hacer. Hoy estoy peor, me siento mal, triste, abandonado, no quiero perderla: la amo y ella lo sabe, pero no sé qué le pasa. No sé porqué ella está así conmigo, me esquiva, me ignora, no quiere ni hablarme, prefiere andar con todo el mundo menos conmigo.
Tengo dolor de muela, pero no me duele ninguna. Así es mi situación, alguna mujer me puede decir qué debo hacer. Debo dejar todo y empezar de nuevo? Debo pedirle para seguir? No sé qué hacer. Pero sé que la amo.

Lo noto

David Summers, vocalista de los Hombres G, escribió una excelente canción de la que robo el título y se lo pongo a este post: Lo noto.
En resumen, la canción habla de una pareja que ya no se expresa amor, que más que vivir juntos se soportan poco. Y él lo nota. Ella siempre anda cansada, ya no quiere besarlo y menos que la toque. Y él lo nota.
Cuando una relación llega a este punto es necesario más de un tanque de oxigeno para darle aire al moribundo, antes que se gangrene. Y para notar algo así no hay que ser un genio. Lo digo porque estoy en las mismas, aunque quizá con mucha más culpa que él. Como se habrán enterado en el anterior post, mi relación, tengo tres años y cuatro meses de enamorado, ha llegado a un punto en el que ya no hay nada. O sea, ella se aburre de mí, a veces me aburro de ella. Ya no hay sorpresas entre nosotros. Hace más de un mes que no tenemos sexo. Y como les dije, ella me pidió tiempo para estar sola y pensar en lo de nosotros. Si es que debemos seguir.
Recibí un comentario que me levantó el ánimo. Aunque esta mañana hable con mi enamorada y me la volvió a bajar. Me dijo que la vida no es un carnaval (cosa que no le entendí), que yo le había hecho mucho daño por mis malos tratos (sí, confieso haberla tratado mal, hablarle mal, gritar cuando discutimos). Y que lo mejor para ella es la soledad, por ahora.
Pero me dijo algo más. Que estaba aburrida de dar explicaciones, de adónde iba, de a qué hora llegaba. A lo que le dije que eso sólo podía ser porque me oculta algo. Cosa que no lo sé.
Sigo muy confundido. No sé si seguiremos y mucho menos si ella aún me quiere. Pero sé que no quiero perderla. Aunque no sé qué hacer para retenerla.

Es el romance real?

¿Qué tan necesario es mantener el romance o qué es el romance en sí? el DRAE dice: relación amorosa pasajera. Entonces una relación de, digamos años, no es ya romance, según la definición propuesta. Las mujeres sierre reclaman que los hombres no somos románticos. Que no tenemos detalles, que nunca hacemos nada por ellas, que somos fríos. Bueno, al menos mi pareja me lo recrimina. ¿Pero, acaso ellas lo son con nosotros? O sea, digo, pueden ser cariñosas al comienzo, pero luego ya no.
Las mujeres viven llenas de ilusiones, casarse de blanco, tener hijos, que pidan su mano en una ceremonia, que las esperen en el altar, reunirse con su familia a pesar de estar casada… y cosas así. Pero los hombres, no. No. ¿Acaso soñamos con casarnos, con pedir la mano? No, de nuevo no. Tenemos otras ideas de la vida, aunque en algún momento sentimos esa necesidad de unirnos a alguien.
Ser románticos, para ellas, es mandarles flores, una carta, comprarle un peluche, tener detalles –como dicen- pero, si escribimos una carta no nos responde, si mandamos flores, no responden… no responden.
Vuelvo al DRAE: sentimental, generoso y soñador. Así definen al “romántico”. ¿Acaso por que uno no se conmueve al ver un pajarito construyendo su nido debe ser tomado como un animal insensible? No. Sólo son perspectivas distintas de la vida. O sea distintas visiones de mundo.
Últimamente las cosas no andan bien en mi relación. Yo también lo sentía pero fue ella la que explotó. Me pidió tiempo. Para mí eso sólo significaba una cosa, que ella tenía otro o que quería estar con otro. Pero me juró y rejuró, cualquiera puede hacerlo, que no era sí. Que ella me amaba por sobre todas las cosas, que era el único. Y, bueno, me convenció. Acepté eso de “darnos un tiempo”.
Pero no sé qué saldrá de todo esto. Quizá sí tenga razón en lo de que hay otro. Pero eso ya lo veré en las próximas semanas.

Los días al sol

Las últimas semanas en Lima han sido más que atroces y fatales. El calor está aumentado y los desodorantes disminuyendo. Es lo peor del verano, lo único que detesto de esta cálida temporada. No sé porqué pero la gente acá parece ajena al uso de este aditamento de la higiene personal. Apestan. Es la verdad. Basta subir a un bus, que para mi puta suerte cuando pasa por mi casa ya está reventando, y se empieza la odisea: un paseo entre miles de sulfúricos y descompuestos aromas a perro muerto. Y lo peor es que tiene la concha de alzar los brazos para agarrarse del pasamano. Carajo, si supiera que las axilas, o sobacos, me apestan así, pues mínimo tendría la decencia de no separar mis brazos de mi cuerpo. Para nada.
Debo decir que en mi país, Perú, hay otros medios de transporte público, aparte de los buses. Se llaman combis y son algo así como camionetas en donde no entran más de doce pasajeros cómodamente sentados, pero el chofer y el cobrador de estas unidades creen que acomodándose un poquito pueden entrar hasta 20. Dios, qué calor. Es en estos carros que el olor alcanza niveles endiablados. Algo así como meter la cabeza en una bolsa de pescado podrido. Sé que hay zonas e esta ciudad donde conseguir un poco de agua es muy difícil. Lo entiendo. Pero la gente que veo no parece venir de estos lugares. A ellos salve una excepción. Pero a los que sólo les basta abrir el caño para asearse: qué mierda les pasa que no puede andar sin apestar? Los odio. Sé que no debería decirlo tan abiertamente. Pero los odio. Y eso que sólo estoy hablando de los hombres. La cosa con las mujeres es aún más grave, porque ellas deberían ser por naturaleza más pulcras. De veras, llega un momento de olor en que no se puede soportar más y las arcadas son incontenibles: confieso haberme bajado del bus más de una vez por aquellos hedores insufribles. Volvamos a las hijas de Eva. Ellas saben que por naturaleza humana, cada 28 días, o algo así, les viene la menstruación. Saben además que durante este período de la entrepierna les sale un olor animal, algo desagradable en los primeros días. Pero digamos que es algo soportable, si la mujer es aseada y tiene la mínima diferencia de asearse y al menos de cambiarse varias veces al día la toalla higiénica. Y DE NO USAR FALDA. Oh, no. Cuando ellas están en esa etapa de descomposición interna, no sé cómo llamarla, y usan falda, todos tenemos que enterarnos. Es inevitable. El olor que bien podría disimular un jean, se sale por todos los lados de la falda. Ni dudarlo de quien es la susodicha, basta hacer un paneo y darse cuenta de quien no está usando pantalón. Hedor. Horro. Y una cosa al respecto, porqué si sabeen que se pueden manchar con la sangre que les sale, se ponen ropa blanca justo esos días. Carajo, nadie entiende a las mujeres.